Cada planeta emite un sonido. Una frecuencia base determinada por su tamaño, rotación y composición.
Durante milenios, la Tierra había emitido un sonido disonante. Un grito de dolor mezclado con estática de confusión.
—Pero ahora —dijo Lira, sintonizando los receptores de la Red—, la Tierra está afinando.
Se preparaba el "Concierto de la Unidad".
No usaron instrumentos normales. Usaron el planeta mismo.
Las ballenas eran los bajos. Los vientos en los cañones eran los vientos. Los volcanes eran la percusión profunda. Los millones de humanos cantando en sincronía eran el coro melódico. Los cristales de la red actuaban como amplificadores y sintonizadores.
Larion, desde un centro de control en el Himalaya, actuaba como director, viendo las frecuencias en el aire.
—Listos para la integración —transmitió a todo el planeta.
Comenzó al amanecer en el Pacífico.
Un zumbido bajo, un OM planetario.
Luego entraron las voces humanas. No palabras, vocales puras. Aaaaa... Ooooo...
Luego las ballenas añadieron sus contrapuntos complejos. Luego los pájaros los agudos.
La canción creció, dando la vuelta al mundo con el sol.
Era una canción de sanación. Una canción de perdón por los milenios de guerra. Una canción de amor por la vida.
Cuando la canción alcanzó su clímax, algo sucedió.
El espacio respondió.
Otras canciones llegaron desde Júpiter, Saturno, el Sol.
—Están respondiendo —lloró Lira de alegría—. El Sistema Solar está cantando con nosotros.
La Tierra se unió a la armonía local. Su nota (un Fa sostenido cósmico) encajó perfectamente en el acorde del sistema solar.
La sensación de "pertenencia" fue abrumadora. La Tierra ya no era una roca flotando en el vacío. Era una voz en un coro infinito.
Ese momento quedó grabado no en discos duros, sino en el tejido del espacio-tiempo (el Registro Akáshico).
Fue el momento en que la Tierra se graduó.
La vibración fue tan alta que enfermedades crónicas desaparecieron espontáneamente en millones de personas. Conflictos antiguos se olvidaron simplemente porque ya no tenían sentido vibratorio.
La música había reescrito la realidad.
—Somos música materializada —dijo Larion cuando el sonido se desvaneció, dejando un silencio lleno de plenitud—. Y ahora sabemos nuestra melodía.
Nunca más la olvidarían. En los momentos difíciles, solo tendrían que tararear esa frecuencia para recordar quiénes eran.
Fin del Archivo 11.33 Continúa en Archivo 11.34: La Memoria del Futuro